Hay habitaciones en las que apetece quedarse nada más entrar. ¿Su secreto? Muchas veces no es el precio de los muebles, sino la elección de los colores. Así puedes crear un ambiente cálido, incluso en un hogar muy sencillo.
1. Empezar con una base suave
El blanco puro puede resultar frío, sobre todo con luz del norte. Para las paredes, elige mejor un blanco roto, un crema o un beige claro. Estos tonos reflejan una luz más suave y sirven de fondo para todo lo demás.
2. Añadir tonos tierra
Terracota, caramelo, ocre o marrón chocolate: los colores inspirados en la naturaleza aportan calidez al instante. No hace falta pintar una pared entera: un cojín, una manta, un jarrón o una butaca bastan para marcar el tono.
3. Apostar por la madera
La madera es el «color» cálido por excelencia. Una mesa de centro de nogal, el marco de un espejo de roble o un aparador de madera clara dan calidez a un espacio en tonos neutros. Mezclar dos o tres tipos de madera hace que el conjunto resulte más natural.
4. Un toque de verde
El verde salvia o el verde oliva combinan a la perfección con el beige y la madera. Y el toque verde más fácil sigue siendo… una bonita planta.
5. La regla de los tres colores
Para evitar un efecto recargado, límitate a tres tonos principales: alrededor de un 60 % para el color base (paredes, muebles grandes), un 30 % para el color secundario (sofá, cortinas, alfombra) y un 10 % para el color de acento (cojines, objetos).
6. No olvidar la luz
Los colores más bonitos pierden su encanto con una luz blanca y fría. Elige bombillas de luz cálida y multiplica los puntos de luz: una lámpara de pie, una de sobremesa, un aplique. Por la noche, el ambiente será mucho más acogedor.
En resumen
Una base clara y suave, tonos tierra, madera, un toque de verde y luz cálida: con estas pocas reglas, cualquier habitación se convierte en un refugio. Inspírate con nuestra colección Iluminación y Decoración.

